“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano.
Así de simple, y así de desmesurado”.
Kôji Wakamatsu: El veterano gran maestro japonés, a quien se le dedica en esta edición del BAFICI una retrospectiva con 16 de sus más de 100 largometrajes, aseguró que "para filmar una película solo se necesita una buena idea, ganas y mucha bronca".
Wakamatsu es un gran personaje: fue gangster, pasó varios años en prisión, estuvo vinculado a los movimientos estudiantiles de protesta e incluso a algunos grupos armados hasta que a fines de los años 50 comenzó una prolífica carrera en el cine y la televisión dentro de un género considerado muy menor como el pinku-eiga (películas eróticas de muy bajo presupuesto). Sin embargo, su filmografía no se redujo a la mera explotación de la mujer, sino que pudo convertir incluso esos primeros encargos en largometrajes de fuerte contenido político y de gran experimentalidad visual. Gracias al éxito internacional de Secrets Behind the Wall, pudo crear su propia productora y ganar así en independencia creativa y financiera.
En una charla pública sobre las maneras de representar la política en el cine coordinada por Sergio Wolf y en la que participaron también el rumano Corneliu Porumboiu (Bucarest 12:08) y el malayo Amir Muhammad (The Last Communist), el director de Ecstasy of the Angels y Violent Virgin se refirió a su forma de trabajo, a su fuerte vocación política y, especialmente, a la génesis de su más reciente trabajo, United Red Army . A continuación, algunos conceptos vertidos por este provocativo y anticonvencional realizador de 72 años en su visita al BAFICI.
"En los años 60 se inició en Japón un nuevo período político en el que el primer ministro electo estaba en contra de la guerra. Sin embargo, al poco tiempo firmó un acuerdo con los Estados Unidos que generó la rebelión de todo el movimiento estudiantil. En esos disturbios, murió una joven y, a partir de esa represión, comenzó un movimiento guerrillero conocido como Red Army. Mi equipo y yo estuvimos vinculados a esa rebelión y registramos todos los hechos con la cámara. Las imágenes documentales que se ven al inicio de United Red Army son todas nuestras. Fue una época muy convulsionada, con el reclamo por la devolución de la isla de Okinawa y con la guerra de Vietnam".
"Los mismos hechos que yo narro en United Red Army ya habían sido mostrados en otra película, pero desde el punto de vista de la policía y del gobierno. A mí eso me dio mucha bronca porque quería contarlos desde la perspectiva política y de edad que yo tengo. Estaba convencido de que iba a filmarla antes de morirme y por suerte lo pude hacer para que los más jóvenes conozcan la otra parte de la historia".
"Como en toda mi carrera, no tuve apoyo económico de ningún lado. Incluso la cabaña donde transcurre el final del filme (el grupo guerrillero es rodeado por la policía y bombardeado) es mía y decidí destruirla en pos del proyecto. Los gobiernos japoneses siempre han querido tapar, esconder esa historia y eso siempre me ha enojado mucho. Se utiliza políticamente lo que interesa y se borra lo que incomoda o molesta".
"La película la hicimos con fondos nuestros en apenas 30 días, pero incluye material documental que filmamos desde comienzos de los años 60 hasta 1972, cuando termina la experiencia guerrillera".
"Una de mis películas que también se exhibe en el festival, Cycling Cronicles: Landscapes the Boy Saw, muestra a un niño como único protagonista andando en bicicleta. Esto demuestra que sólo hace falta una buena idea para hacer un largometraje. No es verdad que se requieren fortunas: a partir de la bronca, de las ganas, de la convicción y de la necesidad se puede concebir un film. Toda mi carrera fue gestada así".