“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA
  • Arcelia Ramírez


    Arcelia Ramírez, clásica mexicana

    Una actriz real, un rostro que es parte ya —y para ello ha contribuido muchísimo con su carisma y trabajo— de la historia del cine mexicano. Figura de marquesina de exportación a la usanza de María Rojo, Paty Reyes Spíndola, Tiaré Scanda o Roberto Sosa. Nada más digno que un gran actor nacional que ama su cine. Arcelia Ramírez es una mujer constante, nació en 1967 en la Ciudad de México y, hasta hoy, ha sido nominada en cuatro ocasiones al premio Ariel.

    Participó en Como agua para chocolate, película memorable dirigida por Alfonso Arau, y un par de años después filmó Cilantro y Perejil —película que inició con esa racha de nuevas producciones que cambiaron el sentido del cine en México—. Trabajó con Maryse Sistach en Perfume de violetas (2001) y La niña en la piedra (2004).

    Ha sido dirigida por talentos como Arturo Ripstein, quien festejó en Cannes el estreno de Las razones del corazón hace tres años —filme que aún no se sabe si se exhibirá en salas comerciales en nuestro país—, además de Gerardo Tort, Javier Patrón Fox, Benjamin Cann, Rafael Montero y Eugenio Derbez.

    En la conversación, Arcelia se antoja una mujer sencilla, habla de las cosas con suma claridad y algunas reflexiones. Sé que entre sus trabajos últimos, además de Las razones del corazón, se cuentan Hombre de piedra y Los fabulosos 7. Pienso en su enorme trayectoria, en su vida en Francia, a donde se fue a construir una familia, en su desempeño en el teatro, sobre todo ahora que en última instancia se puso bajo las órdenes de Hugo Arrevillaga, exitoso y sensible director de la tetralogía La sangre de las promesas de Wajdi Mouawad. Me da la sensación y es solo una percepción personal, de que a Arcelia le gusta buscarle la vena a las cosas.

    De un trabajo como Las razones del corazón con Ripstein y luego Hombre de piedra con Derbez, ¿qué hay en medio? ¿Cómo ha sido trabajar en estos polos?

    Trabajar con Ripstein me gusta, es un hombre riguroso, exigente y temperamental, digamos que tengo mucha más experiencia en ese registro, pero Hombre de piedra no fue menos disfrutable, me encantó acompañar a Eugenio en su ópera prima, para mí fue un honor. La primera vez que trabajé con Derbez fue en Zurdo, que era un primer proyecto en el que no eran estos sketches a los que nos tenía acostumbrados, era hacer una película en otro sentido. Desde ese momento, año 2001, establecimos una relación muy sabrosa y luego hicimos una obra de teatro de Luis Mario Moncada titulada Opción múltiple, después vino la serie Ellas son las reinas del hogar, con Vanessa Bauche y Danny Perea y todo esto nos sirvió para gozar la experiencia de Hombre de piedra en un ambiente relajado. Mi incursión es una actuación especial, es un personaje generoso, porque es generoso lo que te da la comedia al explorarla.

    Ahora ¿cuándo se exhibirán? Pues es el gran tema en este país. Este año es un año espectacular para el cine mexicano, ahí está Amat Escalante en Cannes.

    Tengo entendido que también incursionaste en Bosques, una obra especial de un autor como Wajdi.

    Bosques es una historia muy fuerte. Yo conocí la dramaturgia de Wajdi en París, allá vi la puesta Cielos y me pareció el Shakespeare de nuestros tiempos... En ese momento pensé que en México se tenía que ver; después, en Cannes, me encontré a Karina Gidi y me dijo que ya lo estaban montando (...) Litoral, Incendios y Bosques me parece una tetralogía fascinante (La sangre de las promesas), lo que hace el autor con esos textos... La oportunidad de trabajarlos con el director Hugo Arrevillaga se dio meses después y fue un enorme regalo. El papel era de Ursula Pruneda y yo entré a alternar. El trabajo de todos en esa compañía (Tapioca Inn) es maravilloso. Di el 100% y recibí 200 %, ahora estamos por empezar un proyecto con Hugo, titulado Antes te gustaba la lluvia, de Lot Veckeman, en el Foro Shakespeare.

    ¿Quienes han sido tu maestros?

    Yo estudié con Luis Rábago, Pepe Caballero, Luis de Tavira, Rosa María Bianchin. Creo que no dejo de aprender de mis personajes. En cine puedo contar a Carlos Carrera, a Maryse Sistach, Ripstein, entre muchos más.

    ¿Para qué sirven los festivales en México?

    En este país no tenemos distribución digna. No hemos conseguido articular una ley que nos proteja, y hay países que se han sabido defender aunque se hayan enfrentado con lo mismo. Los festivales son ventanas, llegan a un gran público, hacen que las películas se vean y hagan un buen papel. Además de que son sitios de encuentro, se generan proyectos, es una revisión, es una fiesta. Las dosis intravenosas de festivales nos hacen mucho bien.

    El patio de tu casa es México, ¿cómo está ese patio?

    Híjole, creo que se ha derramado mucha sangre, hay una situación de lucha por las condiciones elementales de la mayoría, hay pobreza, falta de educación, hay paradojas muy violentas. En México existen las zonas más pobres del mundo y al mismo tiempo, aquí vive uno de los hombres más ricos del planeta. ¿Cómo cerrar ese abismo? Es un asunto de gobernantes pero no nada más, hay que tener consciencia, cambiar actitudes.

    Somos racistas, clasistas. Estamos demasiado fascinados por la bisutería norteamericana, por el dinero, por este american way of life, hay un trabajo pendiente de autoconocimiento; toda nuestra cultura prehispánica, y luego una conquista tan violenta, de eso qué resulta... pues quienes somos, el saber qué necesitamos para vivir con dignidad. Eso tiene que ver con educación, reeducación, conciencia y acción.


    (Fuente: Informador.com.mx)


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