“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

ENTREVISTA
  • Marcos Loayza: Filmar para sobrevivir
    Por Ricardo García Oliveri

    Es boliviano y fue convocado para dirigir la película argentina Escrito en el agua. Su obra anterior, Cuestión de fe, se había estrenado en un cine de Liniers. En Bolivia, la película de Loayza batió récords. En esta entrevista el director habla sobre su experiencia en Argentina. 

    Se llama Marcos Loayza, tiene 37 años y una vasta trayectoria como documentalista, videasta y hombre de la televisión de Bolivia, a la que tuvo que volver tras su paso por la Escuela de San Antonio de los Baños, Cuba (dirigida por García Márquez). "No pude terminar el curso porque tengo familia en La Paz y necesitaba trabajar." profesionales como Jorge Marrale, Noemí Frenkel, Francisco Cocuzza y Marcos Woinski, aunque los protagonistas sean los adolescentes, Mariano Bertolini, uno de los chicos de El verano del potro, y Luciana González Costa), será pues el segundo largo de Loayza, gracias a la decisión del productor José Antonio Ciancaglini , también autor del libro junto con Graciela Torre Nilsson, quien además es su esposa y hermana del recordado Leopoldo (y, en consecuencia, tía de Javier y Pablo Torre).

    A partir del premio especial del jurado en el Festival de Biarritz, Francia, su ópera prima Cuestión de fe hilvanó diez reconocimientos internacionales en Huelva, La Habana, Cartagena, Providence y otros foros por el estilo, especializados en difundir el buen cine periférico. Además, entre las películas más vistas en Bolivia, ocupa el segundo lugar en toda la historia, sólo superada por El rey León.

    ¿Cómo puede llegar un realizador boliviano -habiendo tan poquitos- a dirigir una película en un país como éste, donde tenemos sobreabundancia de directores?

    Es una larga historia. Mi primer largometraje, Cuestión de fe, anduvo por muchos festivales. Uno de ellos fue el de Chicago, donde Ciancaglini la vio. Pero, bueno, allí la cosa no pasó del saludo y la felicitación, lo habitual en estos casos. Tiempo después, recibo un fax, invitándome a venir a la Argentina porque había un libro para filmar. No pude hacerlo, pues me iba para otro festival, el de Huesca. Resultó que él también iba; así que allí pude finalmente encontrarme con el guión de Escrito en el agua, que me atrapó de inmediato. 

    Para el cronista resulta un poco embromado decirle a Marcos que no vio su película, máxime considerando que se estrenó en la Argentina... en un cine de Liniers (otro récord).

    "No te preocupes, ése fue un error de cálculo de quienes tuvieron la idea: supusieron que los bolivianos residentes en el Gran Buenos Aires se iban a abalanzar para verla. No ocurrió, sea porque a nadie le gusta verse así discriminado (habrán pensado, ¿por qué en Liniers y no en Lavalle o Santa Fe?) o porque prefieren que su presencia en la Argentina pase inadvertida.

    Puede haber una tercera causa. Es cierto que aquí viven muchos de tus compatriotas, pero no es tan seguro que a todos les sobre dinero para ir al cine.

    "Sí, en Brasil, donde tampoco escaseamos, ocurrió otro tanto".

    Hablemos de tu nueva película. ¿Es para chicos, para jóvenes, para quién?

    "Mira, creo que es para todos los públicos. Yo, cuando me planteo una película, pienso en un espectador ideal, uno solo, que es un poco más inteligente que yo, que puede existir ahora o dentro de unos años, y al cual debo conmover con mi historia a partir del momento en que él se acomode, junto a otros semejantes, en su butaca. A mí lo que más me agrada de Escrito en el agua es que los conflictos que propone son interiores, y sus personajes no son del todo malos ni del todo buenos. En fin, como sucede en la vida. Y no tanto en el cine, donde es más fácil poner a los buenos de un lado, a los malos del otro, y mostrar cómo se asesinan entre sí.

    ¿Existe algo parecido a una industria cinematográfica en Bolivia?

    "Existe un instituto, y la intención de alcanzar una producción de tres filmes por año. Pero tener esos límites no es del todo malo: cuando por fin se consigue hacer una película, la responsabilidad social que se siente es tremenda y las expectativas se perciben en toda la gente". 


    (Fuente: Clarin.com)



    Más información en: www.clarin.com


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