CRÍTICA



  • Un filme con valores estéticos

    Como agua para chocolate ha significado un fenómeno muy interesante dentro de la cultura mexicana contemporánea. La primera novela de Laura Esquivel obtuvo muy buenas críticas y un gran éxito de ventas, algo muy difícil de lograr en un país en el que la gente lee muy poco. Calificada como ejemplo del realismo mágico, la novela logró traspasar los límites de la mera curiosidad y colocarse como el libro de ficción más vendido en México en los últimos veinte años.

    Su paso al cine fue producto de la buena suerte. Alfonso Arau —actor y director mexicano muy popular a principios de los setenta— se interesó inmediatamente en producir un filme basado en la novela de Esquivel. Al fin y al cabo ella no podía poner muchas objeciones, pues el interesado en filmar la historia de amor entre Tita y Pedro era su esposo. En los últimos años Arau no era muy popular en México, pues su carrera la había continuado en Hollywood, casualmente el lugar en donde hacer cine es algo de lo más común.

    De esta manera llegó Como agua para chocolate el filme. Realizado con un presupuesto mucho mayor que el común para el cine mexicano, con técnicas cinematográficas hollywoodenses y con un gran sentido comercial. El resultado es un filme fiel a la novela original, excelentemente producido y, sobre todo, inteligentemente comercializado. Los diez Arieles otorgados a esta producción y el éxito internacional de la misma comprueban que Arau sabía muy bien lo que estaba haciendo.

    ¿Cuál fue la clave del éxito de Como agua para chocolate? Indiscutiblemente el filme posee muchos valores estéticos, pero esto no valdría de nada si no tuviera nada qué contar. El cine es un arte que narra historias visualmente. Para que el público se interese por una película, ésta debe contar con personajes interesantes que vivan un conflicto que mantenga la atención del espectador. Una buena historia es la clave principal para un buen filme.

    ¿Se puede conjuntar un éxito económico con un éxito a nivel artístico? Definitivamente la respuesta es sí. Desgraciadamente el cine mexicano se ha debatido en dos polos artificialmente opuestos: el cine comercial -barato y vulgar- y el cine de arte -pretencioso y aburrido. Los cineastas mexicanos de calidad han insistido en contarnos historias que no nos interesan, ya sea porque no se comprenden, o porque no tienen elementos que apelen a nuestra más elemental atención. Como agua para chocolate encontró el "hilo negro" del cine de éxito: una historia interesante, bien realizada y, no hay que olvidarlo, comercializada de manera inteligente.


    (Fuente: loscineastas.com)



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