“Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado”.
Gabriel García Márquez
Presidente (1927-2014)

CINEASTA
  • Lima Barreto
    (Brasil, 1906-1982)



    Solo dos largometrajes de ficción le bastaron a Víctor Lima Barreto para figurar en el olimpo de los mejores realizadores brasileños y latinoamericanos de todos los tiempos. Antes de dirigir su célebre Cangaçeiro, que tanto entusiasmo despertara en el Festival de Cannes de 1954, y su segundo filme, La primera misa, que pasó sin glorias y bastante pena, fue escenógrafo de Quele do Pajéu y actor en Terra e sempre terra, de Tom Payne, y Tico-Tico no fubá, de Adolfo Celi.

    Según Alberto Elena, uno de los más respetados especialistas en el cine latinoamericano, Cangaçeiro es una “historia de bandoleros del nordeste del Brasil, en la década de los cuarenta, que asumió sin tapujos la estética del western y la aderezó con numerosos toques folclóricos (particularmente en la banda sonora). Para el espectador occidental pasó inadvertida la falsedad del filme, ni siquiera rodado en el sertón en el que transcurría la acción, sino más cómodamente en los alrededores de Sao Paulo”.

    En su libro Revisión crítica del cine brasileño, afirma Rocha: “Los documentales Painel y Santuario revelaron su talento. Se cuenta que Lima Barreto se pasó casi ocho años buscando la ocasión para realizar Cangaçeiro, hasta 1952, cuando comenzaría la producción en la Vera-Cruz. Es cierto que la película estaba destinada a tener éxito y batió todos los récords de taquilla. Encantado con el triunfo, lleno de prestigio y de confianza, Lima Barreto anunció otro filme, pero ya oscilaban los cimientos de la productora Vera-Cruz (...) En la confusión de sus películas había talento; un fondo de verdad nacionalista; un ímpetu tardío, místico y rebelado, que, en su egocentrismo, quería salvar e impulsar el humillado cine brasileño”.

    A diferencia de las opiniones que colocan a Lima Barreto y su Cangaçeiro como fenómenos de sobrevaloración crítica coyuntural, el decano de los críticos cubanos, José Manuel Rodríguez, escribió entusiasmado, sin la distancia que imponía el tiempo transcurrido entre la obra de Lima Barreto y los tiempos que habitaban Glauber Rocha o Alberto Elena, que lo primero a denotar en Cangaçeiro era el limpio acento documental: “Entre las cintas dramáticas y de ficción, admiradas por tan nobles características, tales como algunos de los mejores exponentes del neorrealismo italiano, puede ocupar Cangaçeiro un lugar eminente (...) La música busca expresar por sí misma el espíritu del asunto y de cada uno de los pasajes dramáticos, fórmula ajena esencialmente a la llamada música de fondo, y libre de todo propósito descriptivo, de alusión directa al pasaje en desarrollo. Inspirada en temas populares y folclóricos, muy especialmente en el caso de las canciones anónimas, su emoción posee máxima autenticidad y gana de inmediato la sensibilidad del espectador”.




    Lima Barreto (1906-1982) thanks to only two narrative feature films was considered among the best  Brazilian and  Latin American filmmakers. Before directing his successful feature film O Cangaçeiro, which give rise to a huge enthusiasm at the Cannes Film Festival in 1954, and his second film, A Primeira Missa, which was almost unnoticed and not praised at all, he worked as a set designer of Quele do Pajéu and as an actor in Terra e sempre terra, by Tom Payne, and Tico-Tico no fubá by Adolfo Celi.

    According to Alberto Elena, one of the most prestigious specialists on Latin American Cinema, O Cangaçeiro is a “story of bandits from the northeast of Brazil during the 1940s,  which openly adopted the aesthetics of the Western and dress it with folklore touch  (especially in the soundtrack). For spectators from the West the falsehood of the film went unnoticed; the film was not even shot at the Sertao (arid region of the Brazilian Northeast) where the action was supposed  to take place, but in the comfortable surroundings of Sao Paulo”.

    In his book Revisão crítica do cinema brasileiro, Rocha stated: “The documentaries Painel and Santuário revealed  his talent. It is told that Lima Barreto spent almost 8 years trying to find the opportunity to made O Cangaçeiro, until 1952, when the production of the film began in the Vera-Cruz production company. It is true that the movie was destined to success and beat all the box-office records. Very pleased with the film success, full of prestige and confidence, Lima Barreto announced his next film, but the foundations  of the Vera-Cruz production company starting to crumble  (...) In the confusion of his films there was talent; an underlying nationalist truth; a late, mystic and  revealed momentum that,  with its egocentricity, wanted to save and impulse the Brazilian   cinema.”

    Departing from opinions that considered Lima Barreto and his film O Cangaçeiro as a transient phenomenon of critical overvaluation, the doyen of the Cuban film critics, José Manuel Rodríguez, enthusiastically wrote (without the mediation of time that existed  between Lima Barreto´s work  and the time of  Glauber Rocha or Alberto Elena) that the first thing to indicate in Cangaçeiro was the distinctive documentary accent. “O Cangaçeiro can had a relevant place among the dramatic and narrative films admired for such noble characteristics, as is the case of some of the best examples of the Italian neorrealism (...) the music tries to express by itself the spirit of the subject and of each the dramatic passages, in a way completely different to the so called background music, free of any descriptive purpose or direct reference to the the current passage. It is Inspired by popular and folklore themes, especially anonymous songs; its emotion is completely authentic and soon awakes the spectators´ sensibility”.

    Referencias en el Portal:

    O Cangaceiro, 1953, Dirección
    No aparecen referencias.
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