Animador y dibujante prácticamente de todas las series de la revista Lágrimas, risas y amor, que incluyen, entre otras, a Rarotonga, El pecado de Oyuki, Rubí y muchas más. Junto a Alfredo Gutiérrez, le dio forma en 1969 a Un diablillo angelical, surgido como piloto de una serie que nunca cristalizó, protagonizada por el conocido personaje Memín Pinguín, creado por Yolanda Vargas Dulché.
Fue el máximo exponente del estilo claroscuro en los cómics, prácticamente inventado por él para dibujar con mayor rapidez los argumentos que durante décadas pergeñara Yolanda Vargas Dulché, donde el dibujo era de un nivel sorprendente.
No contento con haber sido en su momento el mejor dibujante de México, Gutiérrez fue un pionero de la animación. Pasó sus últimos años sin recibir el reconocimiento que merecía su obra, de gran impacto en la cultura popular.